“Contar lo cotidiano es una forma de resistir”: Lara Izagirre presenta El regalo en Cinema Jove
Con una mirada serena pero firme, Lara Izagirre sigue construyendo un cine profundamente humano, atento a lo cotidiano, a lo que se nos escapa entre el ruido de lo urgente. Tras Un otoño sin Berlín y Nora, la cineasta vasca vuelve al formato corto con El regalo, una historia sencilla solo en apariencia, que se adentra en las emociones y vivencias del colectivo gitano desde un hecho real. Con motivo de su première en el Festival Cinema Jove, hablamos con ella sobre su compromiso con un cine más diverso
R.P.- ¿En qué momento creativo te encuentras y qué te llevó a contar esta historia en particular?
L-I.- Ahora mismo me siento en un momento muy bonito como directora. Siento que he ganado confianza en mi manera de trabajar, en lo que sé hacer bien, pero también he aprendido a convivir con lo que aún no domino sin que eso me paralice. Eso me da mucha libertad, y El regalo nace precisamente de ese lugar. Tenía ganas de hacer algo distinto, de mirar desde otro ángulo. Y también de trabajar con la comunidad de mujeres gitanas del País Vasco, que han sido una parte fundamental del proceso. La historia surgió a raíz de conocer a Tamara Clavería, presidenta de la Asociación de Mujeres Gitanas en un encuentro de mujeres feministas, con quien empecé a hablar de cine. Luego, apareció un hecho real que me tocó profundamente y sentí que era el momento de contar algo juntas. Lo viví como una necesidad muy clara y natural.
R.P.- El título parece simple, pero encierra muchas capas. ¿Qué significa para ti “el regalo”?
L.I.- Elegimos ese título porque el objeto que ellas quieren comprar es, literalmente, un regalo. Pero no es solo eso. Regalar algo es un acto cargado de intención, de amor, de dedicación. No es una acción superficial: hay que pensar en la otra persona, salir a buscarlo, elegirlo con cariño, entregarlo… Requiere tiempo y voluntad. Y, en el fondo, hacer este cortometraje también ha sido un regalo para mí. Cada paso del proceso, desde trabajar con el equipo hasta compartirlo con las actrices y la comunidad, ha sido profundamente enriquecedor. A veces decimos entre nosotras: “esto también fue el regalo”, y lo decimos con una sonrisa, con verdad. Porque cuando haces algo desde ese lugar, todo cobra otro sentido.
R.P.- ¿En el rodaje hubo momentos especialmente complejos o conmovedores?
L.I.- El rodaje fue una experiencia muy bonita, pero también desafiante. Recuerdo especialmente el día que grabamos en la Gran Vía de Bilbao. Esa secuencia en la que las protagonistas llegan a la tienda parece sencilla, pero fue caótica: mucha gente, un equipo reducido, poco tiempo… Y por la noche teníamos que rodar el final, que implicaba una escena emocionalmente muy cargada. No fue fácil. Tuvimos que decidir en cuestión de minutos qué planos eran esenciales para poder contar lo que queríamos. No hubo margen para florituras. Curiosamente, esa limitación nos llevó a una forma de narrar muy honesta, muy limpia. Y eso me gusta. A veces, lo inesperado te lleva justo a donde necesitabas llegar.
R.P.- ¿Qué papel juega el sonido en esta historia?
L.I.- El sonido ha sido clave. Hicimos un primer montaje sin sonido, solo con pruebas. Pero cuando llegamos a la fase de mezcla, apareció una banda sonora que, en principio, debía sonar solo dentro de la tienda, casi como una parodia de una apropiación cultural mal hecha. Pero luego decidimos que esa música debía tener una presencia más profunda, que debía envolver también al espectador desde fuera. Eso le dio al corto una capa nueva, una experiencia más sensorial y envolvente. Creo que gracias al sonido el corto respira de otra manera, te mete en la historia con otra intensidad. A veces olvidamos el poder del sonido y del silencio, que son tan narrativos como la imagen.
R.P.- Tu cine ha evolucionado, pero quienes lo siguen perciben una coherencia. ¿Sientes que tu mirada ha cambiado?
L.I.- Supongo que sí ha cambiado, como todo cambia con el tiempo. Pero hay algo que se mantiene: esa necesidad de contar lo cotidiano, lo pequeño, lo que a menudo ignoramos. No es algo que haga de forma consciente. Yo no tengo claro cuál es mi “sello”, pero cuando la gente me dice “esto es muy tuyo”, me hace pensar. Tal vez es mi manera de mirar, de contar, de acercarme a los personajes. Yo siempre siento que estoy explorando algo nuevo, pero probablemente hay hilos invisibles que conectan todas mis películas.
«A veces olvidamos el poder del sonido y del silencio, que son tan narrativos como la imagen»
R.P.- ¿Por qué crees que es tan importante contar lo cotidiano en este momento?
L.I.- Para mí, lo cotidiano siempre ha sido esencial. Pero ahora siento que estamos perdiendo la capacidad de prestar atención. Vivimos en un mundo acelerado, que empuja a mirar lo espectacular, lo inmediato. Y, sin embargo, la vida ocurre en los gestos más simples. Por eso me interesa detenerme ahí, contar unas horas en la vida de unas chicas y dejar que el espectador se quede un rato en ese lugar. Creo que es una forma de resistir, de recordarnos lo que realmente importa.
R.P.- ¿Qué espacio le queda al cortometraje hoy en un entorno dominado por el consumo rápido?
L.I.- Yo he ido un poco a contracorriente. Empecé con largos y luego volví al corto. Para mí, el cortometraje es un laboratorio maravilloso. Me permite probar cosas que tal vez no me atrevería a experimentar en un largo. Te da una libertad artística brutal. Y sí, hay camino por recorrer en cuanto a distribución, visibilidad, acceso… pero el formato tiene una fuerza narrativa enorme. Me encanta la idea de poder ver historias diferentes en una sola sesión. A veces me resulta más estimulante que ver un solo largometraje. Espero que el cortometraje siga creciendo, que se valore más allá de su duración.
R.P.- El corto aborda una situación del colectivo gitano. ¿Crees que este tipo de obras pueden generar un cambio real?
L.I.- Ojalá. Yo creo que el primer paso es ver, tomar conciencia. A veces, quienes no formamos parte de determinados colectivos no vemos lo que pasa. No entendemos el impacto que puede tener un gesto racista cotidiano, como ser vigilada mientras haces la compra. Eso no es un hecho aislado, es algo que afecta tu día a día, que te condiciona, que te hace dejar de ir a ciertos sitios. Y por eso me parece importante que estas historias lleguen. El corto no es una solución mágica, pero sí puede ser una puerta, una forma de decir “esto existe, ponle atención”. Y creo que si más gente lo supiera, cambiaría su actitud. Aunque sea un poquito. Y eso ya es mucho.
R.P.- ¿Qué significa para ti presentar la première en Cinema Jove?
L.I.- Mucho. Este será un festival que recordaré siempre con cariño, porque es donde El regalo se muestra por primera vez. Me gusta el enfoque que tiene, esa energía joven, ese deseo de descubrir. Este año cumplo 40, así que es la última vez que puedo participar como directora joven… y eso también lo hace especial. Me siento agradecida y feliz de que este corto empiece su camino aquí.
R.P.- ¿Cómo ves el panorama actual del cine en España, especialmente desde tu lugar como mujer directora?
L.I.- Se están dando pasos, eso es cierto. Pero todavía queda mucho por hacer. La transformación está en marcha, sí, pero es lenta. A veces frustrante. Necesitamos que haya más diversidad real, más oportunidades equitativas. No solo en la dirección, también en producción, en guión, en todos los departamentos. El cambio no vendrá solo; hay que empujarlo desde todos los frentes.
«No entendemos el impacto que puede tener un gesto racista»
R.P.- ¿Qué historias crees que se necesita contar ahora?
RL.I.- No sé si puedo responder con una lista concreta, pero sí creo que necesitamos que más personas diversas tengan acceso a contar sus historias. Cuando eso ocurra, surgirán nuevos temas, nuevos personajes, nuevas emociones que ahora ni imaginamos. La clave está en abrir el espacio, en permitir que más voces entren. Lo demás vendrá solo.
R.P.- ¿En qué estás trabajando ahora?
L.I.- Estoy desarrollando mi tercer largometraje. Estamos en fase de financiación y, aunque es un proceso largo, estoy muy ilusionada. Si todo va bien, podremos rodar el año que viene. Me emociona pensar en lo que viene.
R.P.- Si tuvieras que dejarle un “regalo” a las nuevas generaciones de cineastas, ¿Cuál sería?
L.I.- Les diría que vale la pena. Que habrá momentos en los que todo parezca cuesta arriba, en los que sientan que nada tiene sentido, que no hay salida. Pero siempre hay algo, una pequeña chispa, una persona que cree en ti, una historia que te sacude… que hace que todo merezca la pena. Y que eso, aunque sea pequeño, es suficiente para seguir.