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De escondites a primaveras: Una infancia en resistencia

Alicia Corzo es licenciada en teatro, docente y escritora nacida en Córdoba, Argentina. Se encuentra actualmente en España difundiendo la tercera edición de su libro, “De escondites a primaveras”, una obra que narra su infancia en el seno de una familia militante durante la última dictadura militar (1975-1981)


R.P.-  Alicia, estás en España difundiendo la tercera edición de tu libro. Para quien se acerca por primera vez a tu obra, ¿cuál es el corazón de “De escondites a primaveras”?

A.C.- El libro son relatos de una niña que atravesó la dictadura. Son 11 capítulos donde recorro mi vida desde el año 75 hasta el año 81, momento en que liberan a uno de mis tíos que fue preso político. Pero el corazón del libro nace de una pregunta y un deseo. Yo fui una niña muy curiosa, muy «preguntona», que siempre estaba en el centro de las reuniones de los adultos, recolectando recuerdos.

El libro nace realmente por mi padre. Unos meses antes de fallecer, él me dijo: “¿Por qué no escribís lo que tanto me preguntabas?”. Cuando él ya se había ido, me senté a escribir, un poco por su insistencia y otro poco porque sentía que esto no podía quedar dentro de mí; necesitaba ponerlo en una hoja.

R.P.- El título es una metáfora muy potente. Desglosémoslo: ¿Qué significaban esos “escondites” y esas “primaveras” en tu infancia?

A.C.- Se llama «De escondites» porque los niños que vivimos la dictadura acompañando la militancia de nuestras familias vivimos literalmente así. Eran momentos muy difíciles. Llegaba una información a casa advirtiendo que habían detenido a alguien o que había peligro cerca, y mamá nos levantaba inmediatamente para irnos a esconder. Yo tuve tal cantidad de escondites que perdí la cuenta de los lugares y las veces que estuve en ellos.

El paso «a primaveras» se refiere a que, después de cada escondite, se volvía a la vida. Volvíamos a la vida que habíamos dejado antes. En mi caso, como era niña, significaba el regreso a la escuela, a mis amigos, a los juguetes que tenía en casa. Pasábamos de la tormenta a desear que renazcan las primaveras, hasta que sucedía otra cosa y el ciclo de esconderse volvía a empezar.

R.P.- Al tratar temas tan personales y dolorosos, ¿cómo fue el proceso emocional de escritura?

A.C.- Fue muy intenso. No dejé de llorar mientras escribía. Al escribir, volvían a mí todos los sentidos: las imágenes, las escenas y, sobre todo, los aromas de ese momento.

Hay un capítulo que me conmueve especialmente, titulado «El timbre». Relata una noche en que la policía tocó el timbre de casa mientras dormíamos. Mi papá se empezó a vestir, convencido de que se lo llevarían. Resultó que la policía buscaba a otra persona, un compañero de ellos que vivía por la zona, y le preguntaron a mi madre si conocía a tal familia. Aunque no pasó nada físico esa noche, la sensación cuando escuché «Señora, la policía» fue terrible. Fue una situación muy difícil porque yo era consciente de que a mi papá o a mi mamá se los podían llevar en cualquier momento.

Escribí para aquellos que no supieron con exactitud qué pasó, y también para quienes nunca tuvieron contacto directo con una familia víctima del terrorismo de Estado. Escribí fundamentalmente para rescatar la memoria y para que nunca más vuelva a suceder, ni en mi país ni en ningún otro.

Lo sorprendente fue ver cómo el libro tomaba cuerpo tanto en la memoria de quienes vivieron esa época como en la de aquellos que no fueron contemporáneos a la dictadura.

La autora en la presentación de su libro en Valencia.

R.P.- Hablando de tu método de trabajo, ¿eres una escritora metódica o te dejas llevar por el impulso?

A.C.- Es una mezcla, pero el impulso es vital. Si siento el impulso de que algo fue así, debo escribirlo rápidamente; luego ya habrá tiempo de retocar y acomodar las ideas.

Te cuento una anécdota: recuerdo ir en bicicleta haciendo un entrenamiento y, de repente, encontrar el título del libro. Me detuve, agarré mi teléfono móvil y anoté distintas posibilidades. Eso es impulso. Paraba la bicicleta, escribía y seguía. Así fui ordenando las ideas en base a los recuerdos

«Escribí para aquellos que no supieron con exactitud qué pasó»

R.P.- ¿Qué lugar ocupan el silencio y la observación en tu forma de escribir?

A.C.- Ambos son muy importantes. Los silencios nos permiten recapitular y retomar el trabajo. Y la observación es clave: hay mucha descripción en mis relatos. Describo la velocidad en que sucedían las cosas, los peligros, los rostros y los movimientos de los otros. Ahí está la niña que observaba, quizás sin hablar.

R.P.- Una de las reflexiones más fuertes que haces es sobre tu propio rol en esa historia. ¿Qué descubriste sobre vos misma al terminar el libro? 

A.C.- El gran descubrimiento fue darme cuenta de que fui una militante desde niña junto a mis padres. No solo «estaba ahí»; yo acompañé la militancia de mi familia y milité con ellos durante esos siete años.

Vengo de una familia militante y hoy sé quién soy y elegí este camino gracias a las bases que ellos construyeron. Escribo desde la admiración hacia esa familia que ya no está —salvo una tía de 95 años— y lo hago con un recuerdo amoroso

R.P.- ¿Qué importancia tiene lo no dicho, lo que queda entre líneas?

A.C.- Lo no dicho queda en la descripción de ciertas miradas y en la percepción del peligro que vivía esa niña. Lo no dicho es el «Nunca Más»; es decir: «aquí se vivió esto y no se debe repetir».

Tapa del libro. Prólogo de Carlos Vicente. Acompañan las palabras del actor español Imanol Arias.
R.P.- ¿Crees que escribir es una forma de esconderse o de revelarse?

A.C.- Es una forma de rebelarse, absolutamente. Es una forma de liberar, de contar, e invitar al otro a rebelarse también. Si este libro invita a otro a contar su propia historia, la misión está cumplida.

R.P.- Si tuvieras que definir «De escondites a primaveras» con una sola palabra, ¿cuál sería?

A.C.- Resistencia. Como digo en una parte del libro: «Vengo de una familia preparada para resistir».

«Si este libro invita a otro a contar su propia historia, la misión está cumplida»

R.P.- ¿Qué te gustaría que le pase al lector cuando cierre el libro?

A.C.- Deseo que la Memoria, la Verdad y la Justicia sean una defensa diaria para todos, en cualquier país. Y también, que tengan ganas de escribir sus propias historias. Todos venimos de alguien y tenemos algo que contar, aunque parezca pequeño.

R.P.- Para cerrar, Alicia, cuéntanos sobre tu recorrido actual. ¿Hacia dónde te lleva este libro y qué proyectos siguen?

A.C.- Estoy realizando un trabajo de difusión intenso. Ya presenté el libro en Valencia y Málaga. La próxima semana, los días 12 y 13, estaré presentándolo en Roma, en una sede municipal. También viajaré a Polonia, al pueblo de mi abuela, para encontrarme con mis raíces, y luego pasaré por Barcelona.

Y sí, ya tengo en la cabeza otro libro. Se desprende de la biografía de otros protagonistas, como mi abuelo


Información adicional:

  • Disponibilidad: El libro se puede conseguir online en Busca Libre y físicamente en la librería El Pueblo Lector en Valencia.

  • Audiovisual: El Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba (ex centro de detención) realizó un material audiovisual de diez minutos basado en el libro.

  • Contacto: Pueden seguir a la autora en Instagram: @corsoali

Lorena Ávila

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