“Bibliografías Migrantes”: testimonios y convivencia
El jueves pasado se celebró el evento “Bibliografías Migrantes” en las instalaciones del Centro Cívico Favara, ubicado en el barrio de Patraix. La actividad, organizada por el grupo Compromís, reunió a personas migrantes que compartieron sus experiencias, reflexiones y vivencias en torno al proceso de migrar, generando un espacio de diálogo, escucha y encuentro intercultural
Experiencia migratoria y desafíos de regularización
Las crisis sociales y económicas en Colombia han llevado a miles de personas a tomar una decisión difícil: abandonar su país. Emigrar no suele ser una elección deseada, sino una medida forzada por la falta de oportunidades, la inestabilidad laboral y, en muchos casos, la inseguridad. Detrás de cada partida hay historias familiares marcadas por la incertidumbre.
Es el caso de una pareja colombiana que decidió trasladarse a Valencia tras perder sus empleos. Hasta entonces, explican, llevaban una vida estable. Sin embargo, la crisis económica deterioró su situación financiera, mientras que el aumento de la inseguridad terminó de precipitar la decisión. Tras mudarse a las afueras de la ciudad donde residían, sufrieron un robo en su vivienda, una experiencia que describen como “devastadora” y que resultó determinante para iniciar el proceso migratorio.
España surgió como destino por la existencia de vínculos familiares. Las expectativas iniciales apuntaban a una integración laboral relativamente rápida y en sectores similares a los que habían desempeñado en Colombia. No obstante, reconocen que la falta de información previa sobre el mercado de trabajo dificultó su adaptación. “Uno escucha que hay empleo o que se gana bien, pero rara vez se conocen las condiciones reales”, señalan.
La pareja llegó a Valencia con una estancia de estudios, una vía legal que en ese momento permitía cursar la ESO para adultos. Posteriormente, iniciaron los trámites para modificar su situación a residencia y trabajo. Tras casi un año de espera, la solicitud fue denegada, sin obtener ni permiso laboral ni autorización como trabajadores autónomos.
Según relatan, las principales dificultades estuvieron relacionadas con la burocracia y la interpretación de la normativa. Tras consultar con un abogado, recibieron la confirmación de que la documentación presentada era correcta, aunque se les indicó que la gestión a través de un profesional desde el inicio podría haber evitado el resultado negativo.
Actualmente, se encuentran en situación irregular y a la espera de conseguir un contrato que les permita acogerse a un proceso de arraigo. Un escenario complejo, explican, debido a la necesidad inmediata de contratación por parte de las empresas frente a los prolongados plazos administrativos en extranjería. Mientras tanto, afrontan la espera con procesos aún en marcha y un futuro incierto.
La importancia de la orientación sindical en la experiencia migrante
“Tenéis que pedir ayuda a los sindicatos”. La frase, repetida con convicción, resume una experiencia marcada por el aprendizaje, la precariedad laboral y la búsqueda de dignidad. Quien habla no lo hace desde la teoría, sino desde la vivencia directa de una ciudadana española. “Gracias al sindicato nos abrieron la mente y, cuando lo hemos necesitado, nos han ayudado”, explica.
El testimonio refleja una realidad frecuente entre trabajadores migrantes: la sensación de tener que justificar constantemente su presencia. “Una vez alguien me dijo que había venido a quitarme el trabajo”, recuerda. Su respuesta fue tajante: “A mí me pagan por trabajar. No cobro sin trabajar”. Y añade una reflexión que desmonta prejuicios: “Estoy contribuyendo a enriquecer Valencia porque dejo aquí mi plusvalía. No vengo a comerme nada de nadie”.
Más allá de la reivindicación, sus palabras subrayan el valor de la información y el asesoramiento legal. “Es muy importante buscar ayuda. Que os informen, que os indiquen, que os orienten”, insiste. Según relata, la orientación sindical se ofrece “de manera desinteresada” y con profesionalidad.
Su trayectoria laboral evidencia la dureza de muchos empleos invisibilizados. “He limpiado pisos, he limpiado escaleras”, cuenta. Muestra sus manos como símbolo del esfuerzo acumulado. “No usaba guantes porque no tenía guantes”, afirma, dejando entrever condiciones de trabajo precarias.
También advierte sobre los riesgos de la desinformación dentro de ciertos entornos comunitarios. “La comunidad está bien, pero a veces se dan palos de ciego: uno te dice una cosa, otro te dice otra”. Por eso recomienda acudir “a quienes saben de leyes y pueden orientar correctamente”.
El relato se entrelaza con la voz de activistas de derechos humanos, cuya labor considera fundamental. “No vinimos a comernos nada de nadie, veníamos a trabajar”, concluye. Una afirmación que resume la esencia de su mensaje: dignidad, trabajo y derechos.
De la emigración española a las nuevas migraciones
Pascual Moreno Torregrosa: Durante años, los emigrantes portugueses en Francia ocuparon un lugar secundario frente a los españoles, cuya migración había comenzado antes. Pero la Revolución de los Claveles lo cambió todo. De pronto, los portugueses irradiaban orgullo y esperanza: habían derribado su dictadura.
En París, muchos se reunían en plazas y calles para escuchar las noticias de su país. Aunque seguían trabajando lejos de casa, soñaban con regresar a una Portugal libre. Los españoles tardarían aún algunos años en vivir una transformación similar.
Mi experiencia fue distinta. Sabía que mi emigración era forzada y que no podía volver a España. Trabajé en la limpieza, en la vendimia, en los empleos precarios que aceptaban quienes sobrevivían por necesidad.
Al regresar en los años ochenta, encontré otra realidad: jóvenes inmigrantes sin papeles ni acceso al trabajo legal. Aquellas escenas me devolvieron a mi propia historia. Me impliqué en movilizaciones y redes de apoyo que reclamaban regularizaciones. Algunos lograron documentación en Valencia.
Más tarde llegaron migrantes de África subsahariana y América Latina. Sus luchas, marcadas por la incertidumbre y la búsqueda de reconocimiento, recordaban a las vividas décadas atrás por los españoles en Francia.
Allí, la legalización dependía de la Oficina Nacional de Inmigración. Pero muchos, como yo, trabajamos clandestinamente, bajo el riesgo constante de controles y expulsiones.
Con el tiempo, al conocer de cerca a la inmigración magrebí, confirmé que las historias se repetían. De esa experiencia nació Dormir al raso, un libro escrito junto a un amigo marroquí, testimonio de precariedad, coraje y supervivencia.



