Denise Anzarut: la comedia como impulso para atreverse a cambiar
La directora argentina presenta Doctora Miranda, un cortometraje que habla de reinventarse, aprender a cualquier edad y abrazar el error como parte del camino. Con sensibilidad, humor y una mirada muy cercana sobre las inseguridades de la vida adulta, la cineasta Denise Anzarut llega al festival Cinema Jove con su film desde Buenos Aires. La obra, estrenada mundialmente en el BAFICI y presentada ahora en Europa, propone una pregunta sencilla y profunda: ¿qué pasaría si nos animáramos a empezar de nuevo, aunque el mundo nos diga que ya es tarde?

R.P.- ¿Cómo nació la idea de Doctora Miranda y qué historia personal o experiencia te inspiró?
D.A.- La historia nació en un momento de frustración creativa. Yo venía escribiendo un largometraje desde hacía varios años y, en algún punto, empecé a preguntarme cuándo iba a poder filmarlo. Sentí la necesidad de volver a tener esperanza, fe y ganas de filmar; de recordar lo lindo que es compartir un proyecto con otras personas. Entonces frené ese proceso y me propuse escribir un corto que fuera posible de realizar. En un taller de guion en Argentina, con Walter Jacob y Agustín Mendilaharzu, les dije que necesitaba hacer algo más filmable a corto plazo. Aunque Doctora Miranda es una ficción, tiene mucho de mí, de mis amigos y de personas cercanas: esa adultez en la que una no siempre está donde quisiera estar, ni trabajando de lo que sueña, y debe hacerse cargo de su vida mientras convive con pequeñas frustraciones cotidianas.
R.P.- La película transmite que nunca es tarde para estudiar ni para perseguir un sueño. ¿Qué te motivó a abordar ese tema?
D.A.- Me motivó el deseo de estar siempre en movimiento y la posibilidad de cambiar. Me gusta que el corto deje ese mensaje, porque siento que nunca es tarde para volver a empezar o para animarse a probar algo nuevo. Muchas veces esos cambios aparecen por casualidad: estás en un semáforo, cae una hoja y decís: “esta es la señal”. La vida es todos los días un ratito, y hay que animarse a vivirla.
R.P.- ¿Crees que hay algo de argentinidad en esa idea de seguir adelante, incluso cuando las condiciones no acompañan?
D.A.- Sí, para mí hay una dualidad. Por un lado, los argentinos tenemos esa chispa de ir para adelante, de intentar cosas, de migrar, de abrir bares, de crear proyectos. Pero también está la otra cara: “dejate de joder, no romantices tu vida, trabajá de lo que puedas porque hay que pagar las cuentas”. Creo que hay una argentinidad muy marcada en intentar seguir los sueños con los pies en la tierra. Aunque, cada tanto, también está bueno sacar los pies de la tierra y mandarse.
R.P.- ¿La sociedad sigue imponiendo una edad correcta para estudiar o reinventarse profesionalmente?
D.A.- Siento que las cosas están cambiando, aunque para las mujeres puede ser más complicado. Cuando llégas a los 30, muchas veces aparece la presión de la maternidad y la idea de que todo lo demás debería frenarse. En ese punto no siempre se celebra que una mujer quiera estudiar, cambiar de rumbo o empezar algo nuevo. Aun así, creo que cada vez es más común y más valorado que una persona de 40, 50 o 60 años diga: “me pongo a estudiar”.
R.P.- ¿Tiene que ver con el edadismo?
D.A.- Sí, un poco. No sé si tengo una respuesta cerrada, pero siento que en Argentina, y seguramente en muchos otros lugares, las personas mayores son a menudo olvidadas. Se ve incluso a nivel político y social, por ejemplo con los jubilados. Todos vamos a ser grandes en algún momento, y es importante darles lugar.
«Nunca es tarde para volver a empezar o para animarse a probar algo nuevo»
R.P.- ¿Qué representa para ti el personaje de la doctora Miranda?
D.A.- Para mí funciona un poco en oposición a la protagonista. Es una mujer que trabaja todo el día, que no tiene tiempo para quedarse maquinando. Está muy abocada a su profesión, tomó las riendas de su edad y de su vida, y va hacia adelante. La protagonista, en cambio, tiene más espacio para ser su propia enemiga, para enroscarse emocionalmente. La doctora Miranda pone ese enrosque en lo laboral; no tanto en lo emocional.
R.P.- Uno de los mensajes más bonitos del corto es que equivocarse forma parte del aprendizaje. ¿Por qué era importante mostrar esa idea?
D.A.- Porque muchas veces no hacemos cosas por miedo al error. Me pasa a mí también, no solo en el arte, sino en muchos aspectos de la vida. El que no hace por miedo a equivocarse se queda en el molde. Es mejor hacer y equivocarse que no hacer. Con el corto me pasó: por momentos pensaba que no iba a filmarlo porque no tenía dinero o porque quizá no estaba tan bueno. Hasta que entendí que, si yo no me hacía cargo de mi propio corto, nadie iba a venir a hacerlo por mí. Preferí equivocarme. Al final, lo más lindo no fue solo el resultado, sino hacerlo y aprender en el proceso.
R.P.- Muchas personas abandonan sus metas porque creen que no sirven. ¿Qué les dirías?
D.A.- Que hay que trabajar el síndrome del impostor, que la mayoría tenemos. También hay que mirar alrededor y darse cuenta de que muchas personas que ocupan cargos altos o que vemos como muy capaces no siempre saben tanto. Una puede saber mucho más que alguien que tiene un puesto más alto. No se trata de compararse, sino de enfocarse en el propio camino e ir hacia adelante. La vida es hoy.
El miedo es nuestro peor enemigo, pero también puede ser nuestro mejor amigo si sabemos agarrarlo. El miedo va a estar. No se trata de no tener miedo, sino de abrazarlo e ir hacia adelante igual.
R.P.- Elegiste contar esta historia desde la comedia. ¿Por qué el humor era el mejor camino para transmitir un mensaje tan profundo?
D.A.- Creo que tiene que ver con mi personalidad: soy una persona que tiende a la comedia. Pero no quería hacer un corto que simplemente hiciera reír. Quería mostrar la vida de esta chica, sus frustraciones y sus emociones. La manera que me sale contarlo es a través de la comedia. Siento que está un poco infravalorada, porque se puede hacer comedia y, aun así, contar una historia profunda, con emoción y con dolor.
La comedia ayuda a no caer en lo solemne. Si el gag entra bien y una persona se ríe porque reconoce una miseria propia, aparece una risa que puede mezclarse con algo más profundo. No hace falta que sea un drama para conmover. A veces la risa transmite más que otros géneros.

R.P.- ¿Fue difícil encontrar el equilibrio entre hacer reír y emocionar?
D.A.- No lo busqué de una manera calculada. Me enfoqué en contar la historia. En algunos momentos, por experiencia, sabía que ciertos cambios de plano o de escena podían generar un efecto cómico, como pasar de un personaje riéndose mucho a verlo llorando. Pero no fue una fórmula. Si a la gente le pasa, es porque se da con la historia.
R.P.- ¿Hay algo de Denise en Doctora Miranda?
D.A.- Sí, hay mucho de mí. Está muy ficcionalizado, pero hay mucho de mí.
R.P.- ¿Cuál fue la escena más divertida de rodar y cuál la más complicada?
D.A.- La más complicada fue la escena del auto, cuando la protagonista está aprendiendo a manejar con los cambios. Llovía muchísimo, el auto estaba preparado con el equipo, se reflejaban las nubes y el lugar estaba por cerrar. Tuvimos que filmar rápido e improvisar soluciones. También me costó mucho la escena en la que corro, que es un homenaje a Francesca. Como actriz fue difícil porque tenía que correr a toda velocidad, sin parar, en medio de una ciudad caótica. Llegó un momento en que ya no me entraba una gota de aire.
Homenaje a Francesca, ya que es una película que protagoniza Greta Gerwig, que de hecho es la chica que están homenajeando en Cinema Jove, que está en la retrospectiva que ella tiene en esa película. Una escena corriendo por Nueva York. Cuando vi esa película sentí que lo que le pasaba a ella se parecía a lo que quería contar en mi corto: esa frustración de una persona que ya no está en la adolescencia, que ya es adulta, pero todavía no logra aceptarlo del todo ni ponerse los pantalones de adulta.
R.P.- El corto también invita a cuestionar prejuicios sobre las capacidades de las personas. ¿Crees que etiquetamos demasiado rápido a quienes aprenden de otra manera?
D.A.- Sí, cien por cien. Es algo que todos tenemos que trabajar: dejar de mirar al de al lado y empezar a mirarnos a nosotros mismos como sociedad.
«La comedia puede contar una historia profunda, con emoción y también con dolor»
R.P.- Como cineasta, ¿qué papel crees que tiene el cine para inspirar cambios en la forma en que vemos nuestras propias capacidades?
D.A.- Tiene un papel totalmente clave, tanto el cine como la cultura. A mí el cine me enseña muchísimo. Hay películas que directamente me han cambiado la vida y la forma de ver las cosas. Me da pena que en Argentina, en este momento, no se le esté dando a la cultura y al cine la importancia que merecen. No lo comparo con un hospital ni con sus recursos, pero la cultura también es parte de nuestra identidad.
El aprendizaje permanente será una de las claves del futuro laboral y personal, se aprende todos los días, hasta el último día de nuestras vidas. Y cuanto más aprendamos, mejor podremos llevarlo a esos ámbitos.
R.P.- ¿Qué esperas que se lleve el espectador cuando termine de ver Doctora Miranda?
D.A.- No soy muy codiciosa. Si el espectador se ríe en algún momento, ya me sirve. Pero, si puedo soñar, me gustaría que alguien salga reflexionando y diga: “quería cambiar de rumbo, pero sentía que no daba, y esto me dio el valor que necesitaba”. Me pasó con alguna persona y me puso muy contenta. Incluso alguien me dijo que al terminar el corto se puso a llorar, y yo jamás hubiese imaginado que podía generar eso.
Si una persona adulta que dejó de estudiar hace años me gustaría que sintiera al salir de la sala que todavía es posible. No tiene que ser necesariamente empezar una carrera larga. Puede anotarse al taller de cerámica que viene postergando hace años, o ir al taller de teatro del barrio que hace tiempo quiere probar. Hacer algo para una misma.
R.P.- Si pudieras resumir Doctora Miranda en una sola frase ¿cuál sería?
D.A.- Nunca vas a ser tan joven como hoy. Así que anímate.
R.P.- ¿Cuál es el próximo sueño de Denise Anzarut?
D.A.- Mi próximo sueño es filmar mi ópera prima, Pachman, que vengo escribiendo desde hace tres años. Todavía está en etapa de escritura y preproducción, pero mi sueño más grande es poder filmarla, estrenarla en festivales y compartirla con el mundo.
R.P.- ¿Hay nuevos proyectos donde la comedia vuelva a servir para reflexionar sobre temas sociales?
D.A.- Sí, cien por cien. Para mí la comedia sirve para todo. Sirve para reflexionar y es un campo muy fértil. Doctora Miranda tuvo su estreno mundial en el BAFICI, en Buenos Aires, y ahora vive su estreno europeo. Estoy feliz de compartir el corto con gente de otros países.
El cortometraje fue realizado con bajo presupuesto y me enorgullece muchísimo. En Argentina la situación está difícil, pero también me sorprende la garra que le ponemos los argentinos. Escuchar que en otros países algunos cortos se hacen con 40.000 u 80.000 euros y pensar que este proyecto salió con unos 3.000 dólares te hace valorar mucho el esfuerzo. Se filmó a pulmón. Imaginate lo que podríamos hacer con más recursos y más confianza para artistas emergentes. Necesitamos esa apuesta.
Trailer de la película
