Iván Fernández: «Detrás de cada pedido hay una persona; el problema es que hemos dejado de verla»
- By: Lorena Ávila
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Con Esto está frío, el director valenciano Iván Fernández de Córdoba presenta en el Festival Internacional de Cine de València – Cinema Jove un documental que invita a mirar más allá de las aplicaciones de reparto. Tras meses acompañando a riders en sus jornadas de trabajo y entrevistando tanto a repartidores como a clientes, el cineasta construye un retrato humano sobre la precariedad laboral, la migración, la digitalización y la pérdida de empatía en la sociedad actual

Iván Fernández de Córdoba, director, guionista y editor de «Esto está frío», nació en Valencia y creció entre Orriols y el Cabanyal. Desde esa cercanía con la ciudad y sus calles, construye un cortometraje documental que observa el fenómeno de los riders desde varias miradas: la de quienes reparten, la de quienes consumen y la de una sociedad cada vez más mediada por aplicaciones, algoritmos y decisiones tomadas con un simple clic.
La película parte de una realidad cotidiana —un pedido que llega frío— para abrir una reflexión mucho más amplia sobre la deshumanización, la desigualdad, la falta de protección laboral y la situación de muchas personas migrantes.
R.P.- ¿Cómo nació la idea de realizar Esto esta frio y qué fue lo que más te llamó la atención del mundo de los riders?
I.F.- Para mí es muy especial presentar Esto está frío en Cinema Jove, un festival de mi ciudad. Soy de Valencia, he crecido aquí y conozco muy bien las calles donde transcurre esta historia. Sentía que era importante contarla desde la mirada de alguien que ha vivido esa evolución de la ciudad y que entiende el contexto en el que sucede.
La idea del documental nació a partir de una obra de teatro de un amigo que imaginaba una conversación que nunca llegó a producirse: la de un repartidor de Barcelona que falleció mientras trabajaba y la persona que esperaba aquel pedido. Aquella historia se me quedó grabada y, un año después, decidí presentarla a un concurso en formato documental. A partir de ahí, el proyecto fue creciendo poco a poco y, en cierto modo, escribiéndose en la propia calle. Nunca imaginé que acabaría tomando esta forma, pero desde el principio tuve claro que no quería centrarme únicamente en los riders ni únicamente en los clientes. Me interesaba mostrar distintos perfiles y diferentes puntos de vista para que el conflicto pudiera entenderse desde varias perspectivas. Creo que ese equilibrio es uno de los aspectos con los que más satisfecho estoy del cortometraje.
R.P.- Después de entrevistar a muchos repartidores y clientes ¿Qué realidad descubriste que no suele aparecer en los medios o en el debate público?
I.F.- Lo primero que descubrí fue mi propio desconocimiento. Como cualquier cliente, tenía una visión muy superficial de lo que ocurre detrás de un pedido a domicilio. Pero cuando empecé a acompañar a los riders y a conocer su día a día, me impactó profundamente la precariedad con la que trabajan y las situaciones que tienen que asumir para poder ganarse la vida. Ese descubrimiento cambió completamente el enfoque del documental. Quise mostrar la realidad tanto de los repartidores como de los clientes, sin juzgar a nadie. Mi intención nunca fue decirle al espectador qué debe pensar, sino ofrecerle diferentes miradas para que saque sus propias conclusiones.
R.P.- En el documental aparece de forma recurrente la realidad de muchas personas migrantes. ¿Hasta qué punto la situación administrativa condiciona sus oportunidades laborales?
I.F.- La situación administrativa condiciona por completo las oportunidades laborales de muchas personas migrantes. El lugar del que vienes puede determinar incluso la forma en la que puedes trabajar.
Durante la investigación encontramos situaciones muy duras, como el subarrendamiento de cuentas. Personas que no tienen documentación deben trabajar utilizando la cuenta de otra persona y entregar una parte de unos ingresos que ya de por sí son muy bajos. Eso hace que una situación laboral precaria se vuelva todavía más difícil. Muchos llegan buscando una vida mejor, pero la realidad con la que se encuentran suele ser mucho más complicada. Esa dureza es muy real y era importante reflejarla en el documental.
«Como cualquier cliente, tenía una visión muy superficial de lo que ocurre detrás de un pedido a domicilio»
R.P.- ¿Qué historias personales te marcaron, especialmente relacionadas con la obtención de permiso de trabajo?
I.F.- Lo que más me marcó fue comprobar hasta qué punto un trámite burocrático puede cambiar la vida de una persona, independientemente de su formación o de sus capacidades. Conocimos personas con estudios, experiencia profesional y conocimientos muy valiosos que no podían ejercer su profesión simplemente porque aún no tenían autorización para trabajar. Sabía que esa realidad existía, pero vivirla de cerca cambia completamente la perspectiva.
Acompañarles durante los repartos, conversar con ellos en los momentos de descanso y conocer cómo afrontan su día a día me permitió entender una realidad que muchas veces permanece invisible. Es una experiencia que creo que ayuda a mirar las cosas desde otro punto de vista.
R.P.- ¿Crees que el fenómeno de los riders refleja un problema laboral o también un problema migratorio y social?
I.F.- Creo que el fenómeno de los riders es una forma de observar un problema mucho más amplio. No habla únicamente de condiciones laborales, sino también de migración, de desigualdad y de cómo la digitalización está transformando nuestras relaciones. El documental intenta mostrar cómo la tecnología puede generar una cierta falta de empatía cuando dejamos de ver a la persona que hay al otro lado de una pantalla. Cuando todo se reduce a una aplicación, resulta más fácil olvidar que detrás de cada pedido hay alguien trabajando en unas determinadas condiciones.
Precisamente por eso el título tiene un doble significado. No solo habla de una comida que llega fría, sino también de una sociedad que, en muchos aspectos, se ha vuelto más fría y distante.

R.P.- Ya que has mencionado el tema, háblame del nombre Esto está frío.
I.F.- Esto está frío tiene un doble sentido. El primero es el más evidente: la comida que llega fría, una expresión que escuchábamos constantemente cuando hablábamos con los clientes. Pero, al mismo tiempo, queríamos que el título funcionara como una metáfora de la sociedad actual. Habla de esa falta de empatía que, en ocasiones, caracteriza nuestra forma de relacionarnos. Creíamos que ese doble significado resumía muy bien el espíritu del documental.
R.P.- ¿Cómo influye el aumento del coste de la vida en la necesidad de aceptar más horas o más pedidos?
I.F.- El aumento del coste de la vida obliga a muchas personas a aceptar jornadas más largas y condiciones laborales que, en otras circunstancias, probablemente no aceptarían. No ocurre únicamente entre los riders; es una realidad que afecta a muchos trabajadores. Cuando necesitas llegar a fin de mes, muchas veces acabas normalizando situaciones que no deberían ser normales. Es un problema que repercute tanto en quien lo vive directamente como en el conjunto de la sociedad.
R.P.- Durante las entrevistas has percibido que los repartidores sienten que tienen libertad para organizar su trabajo o que en la práctica depende completamente del algoritmo?
I.F.- En teoría existe cierta libertad para organizar los horarios, pero en la práctica esa libertad es bastante limitada. Los repartidores pueden decidir cuándo conectarse, pero para que el algoritmo les asigne pedidos deben estar en determinados lugares y en las franjas de mayor demanda. Al final, si quieren obtener unos ingresos suficientes, terminan adaptándose a lo que marca la aplicación. Por eso esa libertad es, en gran medida, relativa.
R.P.- El trabajo de Rider implica circular muchas horas. ¿Qué testimonios has recogido sobre accidentes y seguridad vial o problemas de salud física o sobre salud mental?
I.F.- Es un trabajo con un riesgo muy elevado. Basta con recorrer la ciudad en bicicleta o en patinete para darse cuenta de la cantidad de peligros que existen. Si a eso le sumas la presión por entregar el mayor número posible de pedidos en el menor tiempo, el riesgo aumenta considerablemente.
En el documental contamos la historia de Zeus, un repartidor que sufrió un accidente muy grave mientras trabajaba. No tuvo ninguna responsabilidad en lo ocurrido y, aun así, terminó con 46 puntos en la cara y tuvo que pasar por tres operaciones. Lo más duro es que, meses después, volvió a repartir porque necesitaba seguir trabajando. Escuchamos muchos testimonios similares que finalmente no pudieron incluirse en el documental, pero todos coincidían en la enorme inseguridad que rodea esta profesión.
Además, comprobamos que la protección para quienes sufren un accidente sigue siendo muy insuficiente. Aunque las plataformas han introducido algunos cambios tras numerosas denuncias, continúa siendo un trabajo muy precario y donde todavía existen muchas situaciones de irregularidad, como el subarrendamiento de cuentas. Esa realidad demuestra que aún queda mucho camino por recorrer para dignificar esta profesión.

R.P.- El documento también aborda las estafas ¿Cómo funcionan estas prácticas?
I.F.- El subarrendamiento de cuentas funciona de una forma muy sencilla. Hay personas que tienen toda la documentación en regla, pueden darse de alta como autónomos y disponer de una cuenta en la plataforma. Después están quienes no tienen esa posibilidad porque carecen de permiso de trabajo o de la documentación necesaria. Lo que ocurre es que estos últimos trabajan utilizando la cuenta de otra persona y, a cambio, deben entregarle un porcentaje de lo que ganan.
Al final, quien no tiene papeles consigue trabajar, pero lo hace en unas condiciones todavía más precarias, mientras otra persona obtiene un beneficio de esa situación. Creo que estas prácticas siguen existiendo por dos motivos: por un lado, porque en determinados casos no existe un control suficiente por parte de las instituciones y, por otro, el mundo en el que nos encontramos está frío.
R.P.- Tradicionalmente se asocia este trabajo a jóvenes, pero muestras una realidad distinta ¿Qué perfiles encontraste ahí?
I.F.- Desde fuera solemos asociar el trabajo de rider a estudiantes o gente muy joven, pero la realidad es bastante diferente. Cuando pasas tiempo con ellos, en las plazas donde esperan pedidos o durante las jornadas de reparto, descubres una enorme diversidad de perfiles. Hay jóvenes, pero también personas de mediana edad e incluso mayores. Cada uno llega por circunstancias distintas: algunos buscan un ingreso temporal, otros intentan salir adelante después de migrar y otros simplemente no han encontrado otra oportunidad laboral.
Lo que sí tienen en común es que prácticamente nadie considera este un trabajo para toda la vida. Sin embargo, muchas personas permanecen durante años porque no encuentran una alternativa mejor. Para quien llega de otro país puede ser una de las pocas opciones de acceso rápido al mercado laboral, aunque las condiciones estén muy lejos de ser las deseables.
«Las plataformas han introducido algunos cambios tras numerosas denuncias, pero sigue siendo un trabajo muy precario y muchas situaciones de irregularidad»
R.P.- ¿Crees que somos realmente conscientes de quién hay detrás de cada pedido que recibimos en casa como cliente?
I.F.- Si hay algo que me gustaría conseguir con este documental es que, la próxima vez que alguien haga un pedido a domicilio, se detenga un momento a pensar qué hay detrás de ese clic. No se trata de decirle a la gente que deje de pedir comida, sino de que sea consciente de todo lo que implica esa decisión.
Creo que la mayoría de las personas desconoce la realidad que hay detrás del reparto a domicilio. Por eso el documental intenta mostrarla sin juzgar, para que cada espectador pueda reflexionar y decidir por sí mismo cuándo realmente necesita utilizar ese servicio. El consumo inmediato también implica una responsabilidad por parte del cliente. Es él quien decide si hace o no un pedido. Al mismo tiempo, existe una contradicción evidente: mientras ese consumo alimenta un modelo laboral muy precario, también proporciona ingresos a personas que necesitan ese trabajo para vivir. Ese conflicto, sin respuestas simples, es precisamente uno de los ejes del documental.
R.P.- ¿Desde una perspectiva económica y social, consideras que el modelo actual de reparto a domicilio es sostenible?
I.F.- Desde mi punto de vista, el modelo actual no es sostenible, ni social ni laboralmente. No hablo como experto, sino desde la experiencia de haber convivido durante meses con riders y clientes para entender cómo funciona realmente este sistema. Tengo la sensación de que será muy difícil mantener este modelo durante los próximos años si no se producen cambios profundos en las condiciones laborales. Es cierto que las plataformas han introducido algunas mejoras a raíz de las denuncias y de los cambios legislativos, pero la precariedad sigue existiendo y continúan produciéndose muchas situaciones irregulares que apenas se conocen desde fuera.
R.P.- ¿Qué cambios serían necesarios para que este trabajo fuera realmente digno y sostenible tanto para la empresa como para los repartidores?
I.F.- El primer paso sería garantizar unas condiciones laborales realmente dignas. Pero, sobre todo, recuperar la idea de que detrás de cada pedido hay una persona y no simplemente un número o un algoritmo.
En el documental se insiste mucho en esa idea porque creo que es la base de todo. Mientras prioricemos únicamente la productividad o la rentabilidad, será muy difícil construir un modelo laboral verdaderamente justo. No es un problema exclusivo de los riders; afecta a muchos otros sectores y nos obliga a reflexionar sobre cómo entendemos hoy el trabajo.
R.P.- ¿Durante el rodaje has cambiado tu forma de utilizar las aplicaciones de reparto?
I.F.- El rodaje cambió por completo mi manera de utilizar las aplicaciones de reparto. Ahora, antes de hacer un pedido, pienso mucho más en todo lo que hay detrás. Eso no significa que haya dejado de utilizarlas, sino que intento hacerlo de una forma mucho más consciente. Creo que no todo vale por comodidad. Antes de pulsar un botón conviene preguntarse si realmente es necesario y recordar que detrás de ese servicio hay una persona trabajando. La empatía también debería formar parte de nuestras decisiones como consumidores.
Me gustaría que el documental invitara a mirar el reparto a domicilio desde una perspectiva diferente. No pretende dar respuestas cerradas, sino ofrecer la visión de alguien que ha estado en la calle, ha convivido con los riders y ha conocido de cerca su realidad.
R.P.- ¿Qué te gustaría que ocurriera con el fenómeno de los riders en los próximos años?
I.F.- Ojalá dentro de unos años historias como las que aparecen en Esto está frío dejen de ser necesarias porque la realidad haya cambiado.
No sé si ese cambio llegará pronto, pero creo que el primer paso siempre es tomar conciencia. Solo cuando entendemos qué hay detrás de determinados modelos de consumo podemos empezar a cuestionarlos y a cambiar nuestros hábitos. Me gustaría que avanzáramos hacia una sociedad que valore más a las personas que la comodidad inmediata y que sitúe la dignidad del trabajo por encima de cualquier otra consideración.
