Herramientas de accesibilidad

Robi Bertasi: «La vida de uno se construye en relación con el otro»

Más de medio siglo en España, una historia atravesada por la migración, la cultura y el compromiso social. Robi Bertasi ha convertido buena parte de su trayectoria en una forma de participación colectiva. Impulsor de la Asociación Martín Fierro, vinculado a proyectos culturales, espacios comunitarios y reivindicaciones por los derechos de las personas migrantes, mira hacia atrás sin perder de vista lo que todavía queda por hacer

 

Hay personas que llegan a un lugar pensando que estarán unos días y terminan construyendo allí buena parte de su vida. Es el caso de Robi Bertasi. Llegó a España con 21 años, en un momento político decisivo para el país, con apenas 50 dólares en el bolsillo y una historia personal marcada por la dictadura argentina. Lo que inicialmente iba a ser una breve parada terminó convirtiéndose en más de cinco décadas de vida, trabajo, encuentros y compromiso social.

Hoy, ya pensionista, sigue vinculado a la actividad asociativa y cultural. Es uno de los impulsores de la Asociación Martín Fierro, fundada en 2008. Su recorrido incluye comercios, hostelería, proyectos culturales, reivindicaciones sociales y la creación de espacios de encuentro para argentinos y otras comunidades migrantes.

Nos sentamos a conversar sobre memoria, migración, derechos, política, cultura y futuro. Pero, sobre todo, en aquello que permanece cuando pasan los años: la voluntad de hacer algo por los demás.


R.P.- Antes de entrar en tu trayectoria social, me gustaría que nos contaras quién eres. ¿Cómo te presentarías después de tantos años en España?

R.B.- Bueno, a ver… Es difícil resumirse en pocas palabras. En julio voy a cumplir 51 años en España. Llegué con 21 años y, como tantos argentinos de aquella época, empecé trabajando en lo que podía. Vendía bisutería en la calle. También daba clases de inglés, en una época en la que había pocos profesores nativos y el idioma todavía no estaba tan extendido.

Después fui haciendo distintas cosas. Tuve comercios, negocios de hostelería y otras actividades. Pero también hubo una parte de mi vida dedicada a lo social y cultural. En 2008 fundamos Martín Fierro, que legalizamos oficialmente en 2011. Y aquí seguimos, haciendo cositas, como digo yo.

Pertenezco a esa generación que tuvo que abandonar Argentina por la dictadura. Sin entrar en demasiados detalles, salimos por esa situación política y yo tenía pensado irme a Italia, donde tenía buenos contactos, o a Francia. Pero finalmente llegué a España dos días antes de que cayera el Gobierno de Arias Navarro. Mi intención era quedarme tres o cuatro días, porque el billete me lo permitía, conocer un poco y continuar el viaje.

R.P.- Y te encontraste con un país que también estaba viviendo un momento histórico.

R.B.- Exactamente. Llegué en un momento muy intenso. Comenzaba todo aquel proceso de transición política, con Suárez y los cambios que se estaban produciendo. Yo venía prácticamente con una mano atrás y otra adelante. Creo que tenía unos 50 dólares. No tenía absolutamente nada. Pero empecé a observar lo que estaba ocurriendo y pensé: «No me puedo perder esto». Y así me fui quedando.

Viví un tiempo en Madrid, después recorrí España haciendo ferias y finalmente estuve diez años en Murcia. Allí retomé mis estudios universitarios y traje a mi familia. Más tarde llegué a Valencia. En Valencia comenzamos a relacionarnos con otros emigrantes, a participar en movimientos sociales y a encontrarnos con personas que compartían inquietudes. Poco a poco fuimos construyendo una militancia social.

Ahí aparece Martín Fierro. Ya existía otra asociación argentina, pero nosotros queríamos darle una orientación diferente. No queríamos limitarnos a cuestiones informativas o sociales. Para nosotros había dos prioridades fundamentales: la cultura y la defensa de los derechos humanos. Por eso elaboramos unos estatutos que reflejaran esa filosofía. Queríamos construir una asociación alternativa, con una mirada más amplia.

 

«La inclusión no puede quedarse en un discurso»

 

R.P.- Después de tantos años trabajando con diferentes colectivos, ¿Qué significa para ti construir una sociedad inclusiva y con igualdad de oportunidades?

R.B.- (Se toma un instante antes de responder). ¡Uf! ¡Qué pregunta! Para mí, trabajar por una sociedad inclusiva significa entender que la vida de uno se construye en relación con los demás. No podemos pensar solamente en nuestra felicidad individual, porque convivimos con otras personas. Cuando vemos que los ricos son cada vez más ricos, que los pobres son cada vez más pobres y que derechos que parecían adquiridos empiezan a perderse, tenemos que preguntarnos qué sociedad estamos construyendo.

Yo creo que todo el mundo debería tener los mismos derechos y oportunidades, y tener cubiertas unas necesidades esenciales: la salud, la vivienda y la educación. Y añadiría algo más: la seguridad. Porque muchas veces se habla de seguridad como si consistiera únicamente en que no te asalten por la calle. La seguridad es mucho más que eso. Tiene que ver con poder vivir dignamente, tener derechos y contar con unas condiciones que permitan desarrollar la propia vida.

 

Cuando defender derechos significaba ponerse delante de un CIE

R.P.- Vamos a detenernos en algunos de los momentos de tu trayectoria. Has participado en numerosas reivindicaciones relacionadas con la población migrante. ¿Cuáles consideras que han sido las aportaciones más importantes?

R.B.- Hay una que reivindico especialmente, en Valencia fue uno de los primeros lugares donde empezamos a hablar públicamente de los CIE, los Centros de Internamiento de Extranjeros, cuando prácticamente nadie sabía qué eran. Fuimos los primeros en acudir a las puertas de uno de ellos y organizar una manifestación. Y cuando digo «fuimos», no me refiero exclusivamente a Martín Fierro. Éramos un grupo de compañeros de distintos espacios sociales.

Aquella manifestación no fue precisamente tranquila. Al principio no nos recibieron demasiado bien. Cuando abrieron las puertas, incluso intentaron introducir dentro a quienes estábamos manifestándonos. Estoy intentando recuperar un vídeo de aquella época porque creo que merece la pena conservar esa memoria.

R.P.- ¿Cómo comenzó aquella movilización?

R.B.-Todo comenzó durante los preparativos de la Copa América. En la zona donde hoy está Nuevo Centro vivían unas 400 personas de distintas nacionalidades en un asentamiento junto al río. Cuando el Ayuntamiento decidió desalojarlas, hubo intentos de resistencia y, finalmente, la policía ejecutó el desalojo. Como respuesta, organizamos una acampada de casi un mes en la Plaza de la Virgen para reclamar un centro de acogida para estas personas.

También buscamos formas originales de dar visibilidad a la protesta. En una ocasión, aprovechando la llegada de un equipo inglés a Valencia, nos hicimos pasar por aficionados y comenzamos a denunciar la situación de los CIE. La televisión británica recogió la acción y la difundió en distintos medios. A veces, para que te escuchen, hay que encontrar maneras diferentes de hacer activismo.

Otro de nuestros objetivos fue unir a las asociaciones migrantes, porque, aunque cada colectivo tenga su identidad, compartimos derechos y reivindicaciones. También participamos en denuncias por situaciones injustas y en la reclamación de un consulado argentino en Valencia. Rafael Bielsa, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, llegó a comprometerse a impulsarlo, como hizo en Canarias y Baleares, pero el de Valencia nunca se concretó. Finalmente se consiguió un consulado itinerante, aunque su frecuencia actual sigue siendo insuficiente para atender las necesidades de la comunidad.

R.P.- ¿Sigue siendo una reivindicación pendiente?

R.B.- Absolutamente. Creo que Valencia necesita un consulado argentino. Y, de hecho, una de las tareas que queremos impulsar desde Martín Fierro es recuperar aquella campaña. Tenemos previsto comenzar una nueva movilización para reclamarlo en fecha cercana.

 

Bertasi en Rusaffa Radio actual

R.P.- Cuando observas la realidad de la población migrante, ¿Qué necesidades detectas que todavía no están suficientemente atendidas por las instituciones?

R.B.- El tema migratorio es complejo porque existen distintos modelos de integración. Justamente estos días estoy trabajando en un artículo sobre el modelo de Toronto. Muchas veces se confunde integración con asimilación, y son dos conceptos diferentes. Asimilar significa que la persona que llega tiene que adaptarse a lo que ya existe, dejando de lado parte de su identidad. Integrar, en cambio, implica incorporar progresivamente los nuevos aportes que traen quienes llegan.

Después está el problema de la discriminación racial. Muchas personas racializadas sufren situaciones de acoso, controles o prejuicios por su apariencia. Existe lo que se conoce como «portación de cara», que es algo que no podemos ignorar.

La reagrupación familiar, la regularización y el acceso al permiso de trabajo son cuestiones fundamentales. Hay una contradicción muy grande. Por un lado, se critica a quienes están en situación irregular, pero muchas veces esas personas no pueden regularizar su situación porque no tienen acceso a los mecanismos necesarios. Además, si pudieran trabajar legalmente, contribuirían a la Seguridad Social. Serían más aportantes. Hay mucha hipocresía en este debate. Algunas personas critican la inmigración, pero después tienen a una cuidadora trabajando sin contrato o necesitan trabajadores migrantes para levantar las cosechas porque les resulta más barato.

¿Qué pasaría si todas esas personas desaparecieran de un día para otro? Muchas familias se quedarían sin cuidados y numerosas actividades económicas tendrían dificultades para funcionar. Por supuesto, también existen situaciones de explotación y hay sectores donde se han producido avances en la contratación regular. Pero todavía quedan muchas bolsas de trabajo oculto.

 

«Integrar no es asimilar»

 

Jarité: un espacio donde la cultura encontraba su casa

R.P.- En tu recorrido hay otro proyecto especialmente interesante: la creación y gestión de un centro social y cultural. ¿Cómo nació Jarité Espai Obert?

R.B.- Jarité surgió a partir de un acuerdo con una asociación que tenía un local en Valencia. Llegamos a un acuerdo para gestionarlo y comenzamos a trabajar allí un grupo de personas, entre ellas varios compañeros de Martín Fierro.

Lo que conseguimos fue convertirlo en un centro cultural muy importante. Estuvo funcionando un tiempo prolongado y calculo que durante ese tiempo se realizaron entre 600 y 700 actividades. Por allí pasó muchísima gente. Vino Peteco Carabajal, hubo artistas de tango, bandas de diferentes estilos y músicos argentinos y latinoamericanos que llegaban a Valencia y no tenían dónde presentarse. También participaban artistas locales. Era un espacio abierto a propuestas muy diversas.

No era solamente un local para organizar conciertos. Allí nacieron muchas iniciativas. Había días específicos para distintas actividades y el espacio estaba disponible para propuestas culturales y sociales. También nació allí una de las primeras peñas de tango en Europa. En aquel momento tenía otro nombre y hoy continúa bajo el nombre de Volver. Lleva más de diez años de trayectoria. Lo importante es que muchas personas encontraron allí un lugar donde encontrarse, compartir y desarrollar sus propuestas.

R.P.- ¿Qué necesidad queríais cubrir cuando decidisteis poner en marcha ese espacio?

R.P.- Vimos que existía un lugar con posibilidades y que, con algunas transformaciones, podía convertirse en un centro cultural interesante. Y eso fue lo que hicimos. Realmente lo aprovechamos muy bien. Pasó gente importante, se generaron actividades y tuvo una gran solidez.

También fundamos Russafa Radio, una radio comunitaria que todavía funciona. Yo ya no pertenezco a ella, porque ahora la llevan otros compañeros. Con el tiempo se ha convertido en una radio más generalista. Pero quiero adelantarte algo: probablemente volvamos a impulsar una radio dirigida a los argentinos que viven en el exterior. Es una idea que tenemos en mente y que nos gustaría desarrollar.

Quiero aclarar que, desde Martín Fierro, nunca llegamos a pedir subvenciones, aunque estábamos en condiciones de hacerlo. Tampoco cobrábamos cuotas a los socios. Eso significaba que cada vez que había que organizar algo, el dinero salía del bolsillo de alguno de nosotros. Y claro, cuando otras asociaciones cuentan con financiación y tú no, partes de una situación de desventaja.

 

Asociación Martín Fierro en reivindicación año 2009. Imagen cedida por el entrevistado

R.B.- Nosotros intentamos colaborar con otras entidades. Hay asociaciones que realizan un trabajo muy importante, como Jovesolides, Candombe, CEAR o la Plataforma Intercultural. Cuando alguien necesita una atención específica, procuramos orientar y derivar a las organizaciones que tienen los recursos y la experiencia necesarios. Nosotros podemos informar, asesorar y acompañar en determinadas cuestiones, pero tampoco queremos venderle a nadie algo que no podemos ofrecer.

Ahora estamos en una etapa de crecimiento. Después de un tiempo de menor actividad asociativa, creo que es el momento de recuperar esa participación.

También queremos combatir algo que estamos viendo con la llegada de nuevos argentinos: que determinadas necesidades se conviertan en oportunidades para hacer negocio a costa de la gente. Hay trámites que son gratuitos y que algunas personas cobran por realizar, generando incluso miedo o confusión. Por supuesto, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida con sus servicios profesionales, pero también hay que informar de que existen procedimientos que una persona puede hacer por sí misma y sin pagar.

R.P.- Vivimos en una sociedad cada vez más digital. ¿Siguen siendo necesarios los medios de comunicación comunitarios?

R.B.- Sí, absolutamente. Una cosa es la comunicación global y otra la proximidad. Y creo que la proximidad es un valor que tenemos que recuperar. Además, tiene relación con cuestiones como el cambio climático y la sostenibilidad. La proximidad significa menos desplazamientos, menos consumo de combustible, más consumo local y más desarrollo de las zonas cercanas.

Creo que necesitamos los dos ámbitos: el global y el local. Pero lo digital también tiene sus reglas. La mayoría de las grandes plataformas están manejadas por empresas y personas con un poder económico enorme, que son quienes determinan los algoritmos. Tenemos que empezar a buscar fórmulas para que determinados discursos no queden relegados. Hoy sabemos que un contenido que insulta, provoca o genera enfrentamiento puede conseguir más difusión que otro que simplemente propone una reflexión.

En este caso, tener un medio dirigido a los argentinos que viven en la Comunidad Valenciana permite que muchas personas encuentren información cercana, que quizá no aparece en otros medios. Ese es el tipo de alianzas que queremos impulsar también desde Martín Fierro: apoyar a compatriotas que están haciendo una labor importante y que cubren determinados vacíos informativos.

R.P.- Me alegra que lo plantees así, porque precisamente los medios comunitarios intentan dar visibilidad a historias que muchas veces quedan fuera de la agenda general.

R.B.- Y eso es importante. Yo te conocí en la presentación de un libro y después te he visto en distintos eventos. Aprovecho para felicitar por el trabajo visto, porque es un medio que no se ve vendido. Creo que es importante que los medios mantengan esa independencia y esa manera honesta de comunicar.

 

Acto por la Memoria Verdad y Justicia del 24 de Marzo en Valencia.

La participación política

R.P.- Hablemos ahora de participación política. ¿Cómo se puede conseguir que las asociaciones migrantes tengan una participación real en las decisiones sociales y políticas?

R.B.- Es un tema complejo. Los inmigrantes vivimos en esta sociedad, pagamos nuestros impuestos y tenemos todo el derecho a participar políticamente. Además, somos muchos y tenemos un peso electoral importante.

Ahora están apareciendo propuestas de crear partidos políticos migrantes. Hay iniciativas en Barcelona y también en Valencia. Me parece respetable, pero creo que el camino puede ser otro. A veces cada partido incorpora a una persona inmigrante o racializada que responde exactamente a su línea política. Se coloca esa persona en una lista y parece que con eso ya está cubierta la representación. Pero nosotros creemos que deberían tener más protagonismo los colectivos migrantes que llevan años luchando por la regularización y por los derechos de las personas.

Yo me siento mucho más representado por las personas que han estado luchando por esas reivindicaciones, independientemente de su adscripción política. Y te hablo también a nivel personal: creo que necesitamos una unidad del campo popular, de los movimientos sociales y de las distintas fuerzas que buscan transformar la sociedad. Los inmigrantes tenemos que estar ahí, pero no simplemente para aparecer en una fotografía o en una lista electoral. Tenemos que poder participar en las decisiones y explicar cuáles son nuestras reivindicaciones.

No necesitamos una cara que se limite a repetir la línea de un partido. Necesitamos voces que representen realmente los problemas de la inmigración. ¿Cómo se llega a eso? Es algo que todavía estamos pensando y trabajando.

 

«Creo que necesitamos una unidad del campo popular, de los movimientos sociales y de las distintas fuerzas que buscan transformar la sociedad»

 

R.P.- ¿Qué políticas públicas consideras prioritarias para mejorar la integración laboral, educativa y social de la población migrante?

R.B.- Las administraciones no deberían poner trabas. A veces se aprueban medidas y después la información no llega correctamente a quienes tienen que aplicarlas. Por ejemplo, con la regularización puede ocurrir que una persona tenga ya aceptada su documentación y pueda avanzar hacia el permiso de trabajo, pero que un empresario vaya a consultar a su asesor y este no conozca todavía los cambios.

Falta comunicación entre las instituciones, los profesionales y la ciudadanía. Ahí las asociaciones tenemos un papel importante: informar, orientar y ayudar a que los avances lleguen a las personas que los necesitan.

R.P.- ¿Y frente al racismo, la xenofobia y los prejuicios?

R.B.- Desde la sociedad, conviviendo con el vecino. Y desde las instituciones, aplicando realmente la ley. Existen leyes contra los delitos de odio y contra las agresiones relacionadas con el racismo, la identidad o la discriminación. Hay que aplicarlas.

Además, tenemos un problema importante con las redes sociales. Muchas veces parece que determinados comportamientos quedan fuera de las normas que deberían regir nuestra convivencia. Pero también creo que tenemos que preguntarnos por las causas de lo que está ocurriendo. He escrito un artículo sobre esos grupos de jóvenes que salen a romper cosas y generar violencia. Lo que hacen es condenable, por supuesto. Es terrible. Pero también hay que preguntarse por qué ocurre. ¿Por qué hay chicos de 14 o 16 años que pueden ser captados y manipulados? ¿Por qué algunos jóvenes se acercan a posiciones de extrema derecha?

No podemos quedarnos solamente en la condena. Tenemos que investigar qué está pasando, cuáles son las causas y qué está fallando en nuestra sociedad. Son cuestiones que merecen una reflexión profunda.

 

Bertasi en su show «Tangatta y los 7 pecados capitales».

R.P.- Después de tantos años de actividad, ¿Qué proyectos te gustaría desarrollar en los próximos años?

R.B.- La radio es uno de ellos. También me gustaría que Martín Fierro pudiera crecer y, si fuera posible, llegar a tener un local propio. Hay espacios municipales que las asociaciones pueden utilizar durante determinadas horas. Te asignan una mesa, un despacho o una sala, pero para nuestro tipo de actividad no es suficiente.

Nosotros queremos un lugar donde podamos organizar actos culturales, atender a personas que tengan preguntas o necesidades, realizar talleres y desarrollar actividades sociales. Necesitamos un espacio con vida, donde la gente pueda encontrarse y participar.

R.P.- ¿Y qué necesidades de la población migrante siguen esperando una respuesta adecuada?

R.B.- Fundamentalmente, agilizar las regularizaciones y hacer mucho más claro todo el proceso. La regularización no es solamente una necesidad de las personas migrantes. También es importante para el desarrollo de España. Después está la necesidad de equiparar derechos y oportunidades. Las personas migrantes suelen ocupar los puestos más bajos del mercado laboral y tienen que enfrentarse a muchas dificultades.

También me preocupa el discurso de la prioridad nacional. Es algo gravísimo. A veces vemos a personas migrantes participando en actos políticos donde se habla de «integración» y de «nuevos valencianos», pero habría que preguntarse qué piensan sobre determinadas propuestas que podrían terminar perjudicándolas. Es una contradicción que merece ser analizada.

R.P.- Después de más de medio siglo en España y de tantos años compartiendo experiencias con personas de distintas nacionalidades, ¿Qué te ha enseñado la población migrante?

R.B.- Me ha enseñado muchísimo. He conocido otras culturas, otras formas de pensar y otras maneras de entender la vida. También me ha enseñado a comer de una manera más universal. (Sonríe). Pero, sobre todo, me ha enseñado solidaridad.

Y sigo aprendiendo. Por ejemplo, al principio no comprendía del todo algunos conceptos relacionados con la racialización. Hoy los conozco mucho mejor y entiendo la importancia que tienen para analizar las diferencias y las desigualdades dentro de los propios colectivos migrantes.

Los argentinos, en general, sabemos poco de eso. En Argentina existe una imagen bastante extendida de que todos somos rubios, blancos, y que esa es la realidad de nuestra emigración. Pero no es así. Hay argentinos de diferentes orígenes y características. Y también dentro de la comunidad argentina existen diferencias y situaciones de discriminación racial.

Incluso cuando se producen controles policiales, no siempre se trata a todo el mundo de la misma manera. Eso también forma parte de la experiencia migratoria y hay que hablarlo.

R.P.- Con tantos años de trabajo, iniciativas y responsabilidades, ¿alguna vez pensaste en abandonar alguno de tus proyectos?

R.B.- (Deja escapar una sonrisa). Yo diría más bien que los proyectos me abandonaron a mí. A veces uno tiene demasiadas cosas en marcha y tiene que poner en funcionamiento del «prioridometro», como digo yo. Hay que saber priorizar. Y eso no siempre es fácil.

R.P.- Y llegamos a una pregunta que parece sencilla, pero que después de escuchar toda tu trayectoria tiene mucho significado. ¿Qué legado te gustaría dejar en la Comunidad Valenciana?

R.B.- (Se detiene un instante). ¡Ay, qué legado! Eso suena a algo muy grande. Mira, a mí me gustaría simplemente estar en la memoria de los amigos que me conocieron, que me quieren y a los que yo quiero. No necesito mucho más. Y cuando llegue el momento, me gustaría que no hicieran algo triste, que recordaran los buenos momentos. Y el legado que voy a dejar también estará en todos mis malos ejemplos. (Ríe).


Una historia que continúa

La conversación deja muchas cuestiones sobre la mesa. Su mirada sobre la migración va más allá de la llegada y la adaptación. Porque, como deja entrever durante toda la charla, la vida no se construye en solitario. Se construye con otros.

Redacción

Traducir »